#TEJERYLEVITARLunes, 10 de febrero de 2014

Cuando tejo, levito. Si, como lo oyen. Aquellos que me siguen ya saben que #tejerylevitar es un hashtag habitual en mis publicaciones cuando hay lana de por medio. ¿Creen que exagero? Ríanse a carcajadas, llámenme loca, lo que quieran, es la verdad. Levito tanto y de forma tan intensa que a veces aprovecho para limpiar el techo, poner la oreja en el suelo del vecino o, según despego de la silla, cojo hebra y disfruto al mirar desde allá arriba con otra perspectiva. Levitar mola mucho. Cuando desciendes al punto de partida todo es más mullido, más cálido, te sientes reconfortada, respiras hondo… y cuando miras lo que has creado, eso es el no va más, señores, un auténtico placer. No se cómo se sentiría Superman, pero aquí una servidora se siente Superwoman. Si, como lo oyen. SUPERWOMAN.

Tejer es de las pocas cosas con las que consigo dejar la mente en blanco y centrar mi atención en ese instante, en cada punto, en el tacto de la lana, el color… salivo al pensarlo. Creo que si han llegado hasta aquí ya saben que soy una adicta al punto. También a inventarme cosas y a crear; A observar a mi alrededor con los ojos como platos; A pensar qué pasaría si mezclase esto con aquello y me saltase las normas para conseguir algo único; A buscar lo diferente dentro de la uniformidad; A hacer de las pequeñas cosas grandes logros; A descubrir que cada día, independientemente de si llueve o está nublado, hay algo bonito por delante.

Comencé a tejer en un momento muy difícil de mi vida, por necesidad, cuando me resultaba imposible concentrarme. Intentaba leer, imposible. Intentaba concentrarme con música, imposible también. Intentaba centrar mi atención en una película… no aguantaba ni dos minutos. Ni siquiera podía dormir más de un rato seguido. Un buen día fui a comprar lana, no me pregunten por qué. Sentí la necesidad y allí que me planté. “Buenos días, quiero un ovillo de lana y unas agujas gruesas”. Y comencé a tejer pantuflas para un regimiento. También bufandas; Y gorros; Y patucos para regalar a todo los bebés que nacían por aquel entonces. Tejí tanto que puedo decir orgullosa que contribuí al bien común, abrigué a media España.

Y hace unos días, a pesar de que ya conocía de sobra las bondades de pegarle a las agujas, he descubierto que existe la “lana terapia”. Así que como ya intuía, no comencé en esto por casualidad. Es más, disfrutaba y disfruto con algo que me hacía y me hace mucho bien. Y por eso tejía y tejía; y tejo y tejo. ¿Sabían que tejer reduce la ansiedad y fomenta el buen humor? ¿Y que estimula la vista, el tacto y la concentración? No por casualidad dicen que hacer punto es el nuevo yoga occidental. Y también una magnífica manera de rememorar bonitos momentos. Recuerdo una tarde en el jardín de la casita de la sierra, tendría unos 8 o 9 años. Les pedí a mi madre y a mi abuela que me enseñasen a tejer lana como hacían ellas. Mi abuela me montó unos cuantos puntos en una aguja metálica. Y comencé…

¡Feliz tarde!
www.divinaholly.com

0 comentarios de «#TEJERYLEVITAR»

Déjanos un comentario

¡Bienvenidos!Para aprovechar todas las características de nuestra tienda virtual gire la pantalla de su tablet.